Niños en riesgo ⎪ Lic. Yanina Cossime

Yanina Cossime hace una reflexión sobre el caso de Ángel: la naturalización del maltrato infantil y la aplicación de una perspectiva de género radicalizada en lugar de una perspectiva de niñez.

Una reflexión sobre el caso de Ángel: la naturalización del maltrato infantil y la aplicación de una perspectiva de género radicalizada en lugar de una perspectiva de niñez.

Por: Lic. Yanina Cossime

Cuando el interés superior del niño queda en segundo lugar —sea porque la violencia está naturalizada o porque en la toma de decisiones de quienes deben protegerlos no prevalece la perspectiva de niñez—, la infancia queda desprotegida. Así, los niños quedan en situación de riesgo y las consecuencias pueden ser irreparables.

Hay cosas que nos duelen. Pero hay algo que duele aún más: cuando esas cosas se repiten… y no generan cambios. Porque cuando se repiten, ya no estamos hablando de hechos aislados. Por el contrario, estamos hablando de algo que no está funcionando. Y esto fue lo que ocurrió con Ángel. ¿Acaso no aprendimos del dolor y del final de Lucio?

Vivimos en una sociedad donde la violencia está naturalizada: 

La vemos en distintos ámbitos, en distintos vínculos, en distintas edades. Lamentablemente, también en la crianza.

Durante mucho tiempo se enseñó a través del dolor. El castigo físico —el coscorrón, el chancletazo— formó parte de una forma de educar que, en algunos casos, todavía hoy persiste. Pero pegarle a un chico está mal. Siempre está mal.

No importa si “es poquito” o no deja marcas visibles.
No importa si la intención es “buena”. Me pregunto cómo podemos aún justificar el abuso contra alguien que no puede defenderse de su agresor y de quien espera cariño y protección.

Porque hay algo profundamente contradictorio en eso: quienes deberían cuidar y proteger… son quienes terminan lastimando. Y ese mensaje deja huella. Deja huella en la autoestima, en el desarrollo, en la forma en la que ese niño va a vincularse con otros. Porque el niño aprende:

  • Aprende que el más fuerte impone.

  • Aprende que el dolor forma parte del vínculo.

  • Aprende que la violencia es una forma válida de interacción y, por eso, la reproduce.

Ahora bien, muchas veces, cuando hablamos de estas situaciones, ponemos el foco únicamente en la familia.
Pero hay una pregunta que también necesitamos hacernos:

¿qué pasa cuando el sistema no protege?

Porque tenemos leyes, programas y protocolos que protegen a los más pequeños.
Está en boga un discurso claro sobre el interés superior del niño.
Pero después, en la práctica, en la vida cotidiana, eso no siempre se ve reflejado. Y ahí aparece una incoherencia que no podemos seguir ignorando.

Los derechos están en el papel, pero no siempre en la vida concreta de los chicos.


  • Se desoye la palabra del niño.

  • Se desoyen los informes.

  • No se evalúan adecuadamente los contextos.

Y entonces se toman decisiones que no priorizan su bienestar.

Y eso es grave. Muy grave.

Porque el interés superior del niño debería ser lo que prime, siempre. Sin embargo, en algunas situaciones, no es así. Y acá hay algo que también necesitamos decir con claridad:

Existen perspectivas que buscan garantizar derechos de quienes se encuentran en una situación de desigualdad, y eso es necesario. Pero cuando una perspectiva —en este caso, la de género— se aplica de manera radicalizada, cuando se impone por sobre la realidad concreta del niño y prevalece sobre sus derechos, se convierte en injusticia.

Se deja de mirar al niño y de buscar, por sobre todo, su bienestar. Y queda así desprotegido, en riesgo. Un riesgo real que puede terminar, como en el caso de Ángel y de Lucio, en negligencia, sufrimiento y muerte.

Y, para ser claros, como mujer, no puedo desconocer que no siempre el sistema es justo con nosotras, que en muchas situaciones no estamos en igualdad de condiciones. No se trata de estar en contra de una perspectiva. Se trata de no perder de vista lo esencial.

El eje tiene que ser el niño. Su realidad. Su bienestar.


No puede quedar en segundo lugar, y mucho menos convertirse en rehén. Porque cuando eso pasa, las decisiones se alejan de lo que realmente está ocurriendo.
Y cuando eso ocurre… los que terminan pagando el precio son los chicos.

También hay una responsabilidad del Estado.


No solo en lo que dice, sino en lo que efectivamente hace.

  • Porque no alcanza con leyes.

  • No alcanza con estructuras.

  • No alcanza con discursos.

Si después, cuando hay que intervenir, no hay respuestas concretas, no hay seguimiento, no hay protección real.

Entonces volvemos a lo básico.

Proteger a un niño no debería ser una discusión.
Debería ser una prioridad. Pero, para que eso sea real, necesitamos coherencia. Entre lo que se dice y lo que se hace.
Entre las leyes y su aplicación.
Entre las decisiones y el bienestar del niño.

Porque cuando eso no pasa…
la infancia queda desprotegida.

Te reto a convertirte en un agente de cambio, desde el lugar que te toque, para que la historia no se repita ni una vez más.

Yanina Cossime

Sobre la autora

Yanina Cossime es esposa, madre, Lic. en Orientación Familiar, profesora y operadora socio comunitaria. Cuenta con diplomaturas en Prevención y Tratamiento de la Violencia, Educación Sexual y Primera Infancia. Actualmente cursa una Maestría en Intervención en Poblaciones Vulnerables. Autora del libro Bullying: entender, prevenir y restaurar. Es fundadora de Padres de Pie y columnista en diferentes medios.

Etiquetas: Violencia ⎪ Educación ⎪ Padres ⎪ Familia ⎪ Corrección.
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